Del puf al sofá: una historia sobre el lugar que ocupa el cariño

El lugar que ocupa el cariño

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Luis y Manuel comparten fines de semana y vacaciones con un niño de 12 años que vive en un centro de protección de menores. Su historia muestra cómo el tiempo, la confianza y la vida cotidiana pueden ampliar la red de apoyo de niños, niñas y adolescentes.

El primer día que J. entró en casa de Luis y Manuel no se sentó en el sofá. Eligió un puf situado junto a él, como quien intenta ocupar el menor espacio posible.

Casi un año después, cuando llega para pasar unos días con ellos, se estira en el sofá «a sus anchas». Descansa, se relaja y se mueve por la casa con naturalidad.

«Se le ve en paz. Ese sofá ya también es suyo», cuentan Luis y Manuel.

J. tiene 12 años y vive en un centro de protección de menores. Luis y Manuel son su Familia Colaboradora: comparten con él algunos fines de semana y periodos vacacionales, mientras J. continúa residiendo en el centro donde desarrolla su día a día.

No se trata de una adopción ni de un acogimiento permanente. La colaboración familiar ofrece a niños, niñas y adolescentes la posibilidad de vivir experiencias familiares positivas, conocer otros entornos y ampliar su red de personas de referencia.

En Andalucía, más de 2.400 niños, niñas y adolescentes viven en centros de protección. Dar a conocer el programa de Familias Colaboradoras es clave para que más personas descubran esta forma de colaborar y puedan valorar, con toda la información y el acompañamiento necesarios, si quieren formar parte de ella.

Un hogar que se construye poco a poco

J. llegó a la vida de Luis y Manuel “para revolucionarlo todo”. Lo hizo casi sin hacer ruido y, poco a poco, fue encontrando su propio lugar en la casa.

Es cariñoso, inquieto y con “luz propia”. Le gusta dibujar en estilo píxel y algunos de sus trabajos ocupan ya la nevera y la pizarra: sus nombres, pequeños homenajes a sus profesiones y corazones hechos a mano. Por la casa también aparecen algún muñeco ganado en la tómbola de la feria y cartas de Pokémon compradas con sus ahorros.

Son detalles que hablan de una relación que se va consolidando con el tiempo.

El primer día que se conocieron se hicieron una fotografía. Ahora está colocada frente al sofá y les acompaña también cuando J. no se encuentra físicamente en casa. Él quiere que permanezca allí y que cada año coloquen una imagen nueva a su lado, para poder comprobar cómo van cambiando juntos.

“Porque de eso se trata: de crecer acompañados”, explican.

La familia que se elige

Para Luis y Manuel, convertirse en Familia Colaboradora ha supuesto mucho más que organizar algunos fines de semana o abrir la puerta de su casa.

«Es abrir el tiempo, la escucha, la paciencia y el cariño. Es descubrir capacidades que no sabías que tenías: aprender a escucharse de verdad, a acompañarse, a respetar los silencios, a celebrar los avances y a echarse de menos».

La colaboración no parte de la idea de sustituir a nadie, sino de sumar relaciones, experiencias y apoyos a la vida de un niño, niña o adolescente.

Las Familias Colaboradoras complementan la vida cotidiana de chicos y chicas que viven en centros de protección, ofreciéndoles la oportunidad de compartir tiempo en un entorno familiar, crear nuevos vínculos y ampliar su red de personas de referencia. El programa se desarrolla siempre en coordinación con los servicios responsables y atendiendo a las necesidades de cada niño, niña o adolescente.

Luis y Manuel reconocen que J. les ha aportado mucho más de lo que imaginaban cuando iniciaron el proceso.

“Nos ha enseñado que la familia también se construye desde la elección, desde el compromiso y desde el amor cotidiano”.

Una invitación a conocer el programa

El verano es una época especialmente vinculada al tiempo compartido, las reuniones familiares y los planes fuera de la rutina. También puede ser un buen momento para detenerse y conocer una figura todavía poco extendida en la sociedad andaluza.

Ser Familia Colaboradora requiere un proceso previo de información, valoración, formación y acompañamiento. No es, por tanto, una incorporación inmediata ni una decisión que deba tomarse con prisas. Desde Crecer con Futuro se organizan periódicamente cafés informativos para explicar en qué consiste el programa, resolver dudas y ayudar a las personas interesadas a valorar el compromiso que implica.

Nuestra entidad trabaja de forma coordinada con los centros de protección y los servicios responsables para que cada colaboración responda a las necesidades y circunstancias de cada niño, niña o adolescente.

Luis y Manuel animan a otras personas a acercarse al programa sin necesidad de tener tomada una decisión de antemano:

“Hoy no podemos estar más agradecidos por habernos atrevido a dar este paso. Si alguna vez lo has pensado, quizá solo necesites informarte y conocerlo mejor».

Su historia comenzó con un niño sentado tímidamente en un puf. Hoy, el sofá, la mesa, los dibujos de la nevera, las fotografías del salón, el cariño y los abrazos también forman parte de su historia.

Sobre las Familias Colaboradoras

Las Familias Colaboradoras son personas, parejas o familias que comparten algunos fines de semana y periodos de vacaciones con niños, niñas y adolescentes que viven en centros de protección de menores.

El programa no sustituye a la familia de origen, al equipo profesional del centro ni implica un acogimiento permanente. Su finalidad es ofrecer experiencias familiares positivas, ampliar las relaciones sociales y afectivas de los chicos y chicas y facilitar que puedan contar con nuevas personas de referencia.

Las personas interesadas pueden consultar más información y las próximas sesiones informativas en:

www.crecerconfuturo.org // familias@crecerconfuturo.org // +34 640 01 74 48

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